UN DÓLAR RUMBO A LOS $580 Y MÁS ALLÁ




UN DÓLAR RUMBO A LOS $580 Y MÁS ALLÁ
Publicada el: 08/01/2018

 

Soy un convencido de que, hace algún tiempo, empezó un ciclo de pérdida de fuerza para el dólar a nivel global. En 2018 se cumplen 10 años desde que la crisis suprime llevó al dólar a un extenso fortalecimiento (en el Chile pre crisis el dólar estaba en $430). Pero desde el año pasado, la divisa empezó el ciclo de vuelta.

 Los fundamentos macroeconómicos, tanto en Chile como en el mundo, están apuntando a un nuevo fortalecimiento del peso, con lo que la moneda irá a probar los $580 o incluso más abajo. Para que ello ocurra, sin embargo, habrá que esperar algún tiempo.

En general, en periodos de crisis los agentes tienden a refugiarse en el dólar, que es uno de los activos más fuertes a nivel internacional. Fue lo que ocurrió a partir de 2008 y que ahora quedó definitivamente atrás. También quedaron en el pasado las expectativas de agresivas alzas en la tasa de la Fed, algo que servía como argumento para los alcistas del dólar cuando el año pasado éste comenzaba su corrección. Janet Yellen, de hecho, ya dejó bastante claro cuánto subiría la tasa de aquí al 2019, cuando llegaría al 3%.

Esto último el mercado ya lo internalizó en el billete verde y empezó a poner la vista en otras cosas, como el mayor crecimiento mundial, que trajo consigo un mayor apetito por riesgo y alzas en los precios de los commodities. El año pasado, por ejemplo, Cochilco tenía una estimación de US$2,2 la libra para el cobre y hace poco éste llegó a US$3,3. Todo esto se replicó en el salmón, en la celulosa, el acero, etc. ¿El fundamento? la mayor demanda agregada del mundo, liderada por China.

Lo anterior explica por qué los flujos de dólares a Chile han aumentado, tanto desde los residentes como de los no residentes. A esto ayudan unos niveles de liquidez financiera sin precedentes (provenientes de los grandes bancos centrales), lo que ha hecho que aumente la volatilidad y que haya pocos activos que renten. Esto incentiva el carry trade y el ingreso de dólares a Chile, pues mientras las tasas de interés que pagan los países desarrollados están casi en cero, las tasas reales positivas de países como el nuestro atraen nuevos dólares.

Nuestra perspectiva, por lo tanto, es que con un cobre que va a seguir entre US$2,8 y US$3,4 (con sesgo alcista), el peso se seguirá fortaleciendo y el tipo de cambio va a ir a probar la zona de los $580, e incluso un poco más abajo.

¿Los motivos? interés por activos chilenos, lo que incluye la bolsa de Santiago. Pero más importante: un aumento de inversiones reales, ítem que ya no tiene más espacio para caídas después de contraerse por cuatro años consecutivos. A partir de ahora, cualquier incentivo a la inversión implicará un ingreso de flujos que presionará al dólar a la baja.

Pero una divisa cayendo a $580-$570 no es algo que veríamos en enero. El año pasado, el peso chileno fue la moneda que más se apreció de la región, casi 8%, porque tras las elecciones presidenciales hubo una sobrerreacción que llevó a la divisa a adelantarse respecto a varias otras en cuanto a su fortalecimiento contra el dólar. En las próximas semanas, estimo que el dólar se mantendrá en un rango de entre $598-600 por abajo y $612-$615 por arriba. El target de $580 lo veremos probablemente en febrero-marzo, después de que asuma Jerome Powell como presidente de la Fed. En este momento, un dólar bajo $600 está siendo visto por el mercado como un muy buen nivel de compra, por lo que hay poco espacio para caídas mayores.

Tampoco veo una posibilidad real de que el Banco Central intervenga en el mercado cambiario. Desde que contamos con un tipo de cambio flexible, esto se ha hecho en muy pocas ocasiones y la razón se encuentra precisamente en las ventajas de que sea el mercado el que determine los precios. Esto nos ha permitido enfrentar los shocks que ha habido, tanto de oferta como de demanda, en todas las últimas turbulencias que hemos vivido. En otras palabras, gracias a que el dólar es un catalizador, no se han mermado otras cuentas. Intervenir implicaría emitir bonos del Banco Central para esterilizar, generando una serie de desequilibrios artificiales que son bastante más dañinos en el mediano y largo plazo que los beneficios iniciales. Tampoco el tipo de cambio se ha desalineado de los fundamentos para justificar una medida de este tipo.

 Además, parte de la apreciación del peso podría ser tratada con una baja de TPM. Mi proyección es que el emisor recortará el costo del dinero para enfrentar las presiones desinflacionarias: el IPC que conocimos este lunes no internaliza la más reciente caída en el dólar, ocurrida en las últimas dos semanas. Recortes en la tasa de interés, además, podrían verse favorecidos por una Fed que, en vez de concretar tres alzas podría impulsar dos, sobre todo si se ratifican datos más débiles, como el de creación de empleos de diciembre en EE.UU.

Y si bien es cierto que predicciones como las de política monetaria en Chile y EE.UU. están aún por verse, hay otras que tienen pocas probabilidades de no materializarse. La que apunta a un nuevo fortalecimiento del peso es una de ellas.